martes, 23 de julio de 2013

EGIPTO

Si sospechan que pretendo hacerles leer un libro.... están en lo correcto.  Este capítulo del libro habla de la civilización egipcia.

LA PRIMERA MARAVILLA DEL MUNDO


Hay personas que apenas se han preocupado por la historia, pero incluso ellas saben que hace mucho tiempo se construyeron pirá­mides en Egipto y que los soberanos que las mandaron levantar se llamaban faraones. Aquellas construcciones de 4.500 años de an­tigüedad siguen causándonos admiración hasta el día de hoy.

Los primeros cazadores y recolectores que habitaban a lo lar­go del Nilo adoptaron hace unos 5.000 años a.C. una forma de vida sedentaria. Aprendieron a vivir con el Nilo, lo que al princi­pio no fue, seguramente, nada fácil. En efecto, el imponente río tenía una crecida todos los veranos e inundaba el país. La riada era peligrosa, pero cuando las aguas volvían a retirarse en otoño dejaban tras de sí una capa de lodo. Aquel lodo era un abono es­tupendo y proporcionaba gran fertilidad a los campos. La gente se mostraba agradecida al Nilo y lo veneraba como a un Dios: «Te alabo, Oh Nilo, que surges de la Tierra y pasas por aquí para ali­mentar a Egipto. Riegas los campos y tienes la virtud de nutrir a todos los animales. Empapas el desierto alejado del agua, produ­ces la cebada y creas el trigo. Llenas los graneros y ensanchas los pajares y das algo a los pobres. En tu honor tocamos el arpa y can­tamos». Los egipcios daban gracias al Nilo con este canto. Y como el río era vital para ellos, lo observaban con gran atención. En sus observaciones comprobaron que la crecida llegaba, por término medio, cada 365 días. Ese número de días sumaba para ellos un año nilótico, que dividieron en doce meses de 30 jornadas. Las cinco restantes las intercalaron entre un año y otro. De ese modo, hacia el 3000 a.C., los egipcios introdujeron un calendario utilizado hasta hoy en el mundo entero con pocos cambios.

Por aquel entonces había a orillas del Nilo dos reinos que lu­chaban por la hegemonía: el Alto Egipto, en el curso superior, y el Bajo Egipto, en la zona de la desembocadura. Cuenta la tradición que, el año 3100 a.C., el rey Menes del Alto Egipto conquistó con su ejército el Bajo Egipto, fundó la capital de Menfis y se convirtió en soberano de todos los egipcios. Como «faraón» no era sólo rey sino que se le veneraba, además, como un dios y se le dirigían ora­ciones como a los demás dioses. Poseía un poder ilimitado y su voluntad era ley. Unos funcionarios encabezados por el visir se ocu­paban de la aplicación de sus leyes. El visir era una especie de jefe de gobierno y juez supremo al mismo tiempo; era, por tanto, el hombre más poderoso de Egipto después del faraón.

Para administrar aquel gran reino de cerca de un millón de habitantes y organizar la producción y distribución de alimentos, los funcionarios adoptaron de los sumerios el arte de la escritura, pero desarrollaron un sistema propio. La mezcla de imágenes y signos recibió más tarde el nombre de «jeroglífico», que significa ‘escritura sagrada’. Al principio los textos se grababan en piedra. Más tarde, los egipcios fabricaron con plantas de papiro un prece­dente del papel y escribieron sobre él con plumas de caña y tinta.

Los egipcios que sabían escribir, hacer cuentas y leer pertene­cían a la alta sociedad. Los altos funcionarios y los sacerdotes ocupaban en la jerarquía del Estado el rango inferior al del visir. Un grado más abajo, pero encima todavía de los comerciantes y artesanos, se hallaban los escribas corrientes. En el escalón infe­rior de aquella jerarquía vivía la gran masa de campesinos y tra­bajadores, que constituían el 80 % de la población. Ellos fue­ron quienes levantaron los palacios, los templos y los sepulcros de los faraones.

Las pirámides fueron símbolos de la grandeza de los faraones sepultados en ellas. Así se explica la competencia por construirlas cada vez más altas e imponentes. El constructor de la más grande, el faraón Keops, reinó hacia el 2500 a.C. Keops ordenó proyectar su tumba cuando apenas había comenzado a desempeñar su car­go y era todavía un hombre joven. Como en Gizah, el lugar don­de debía alzarse, sólo había un desierto de arena, hubo que llevar allí desde canteras alejadas los bloques de piedra necesarios, unos 5 millones de piezas de hasta tres toneladas de peso. Los blo­ques se trasladaban en barco hasta Gizah. Antes hubo que construir una carre­tera desde la orilla del Nilo hasta la ubicación de la pirámide proyectada. Esta obra sola duró ya diez años. La construcción de la pirámide propiamente dicha requirió otros 23. Los restos de la colonia de obreros, hallados más tarde, permiten concluir que el número de trabajadores permanentes en la pirámide de Keops rondaba los 4.000. A ellos se sumaban cada año entre 50.000 y 100.000 campesinos durante los meses de las inundaciones del Nilo. Sirviéndose tan sólo de su fuerza corporal, palancas y tornos de cable fueron superponiendo los bloques de piedra hasta que la pirámide alcanzó 146 metros de altura. En la base, de 230 metros de lado, habrían cabido diez campos de fútbol.

  Dentro de la pirámide se hallaba la cámara sepulcral del fa­raón donde, tras su muerte, se hallaría a salvo de cualquier peli­gro. Aquella protección era una necesidad, pues los egipcios creí­an en una vida tras la muerte. Para esa vida, sin embargo, había que disponer del propio cuerpo. Para conservar su cuerpo, el fa­raón fue embalsamado mediante un procedimiento costoso y en­vuelto en vendas de lino empapadas en resina. Y con el fin de que se sintiera a gusto incluso en el más allá, se depositó junto al fara­ón, en la cámara sepulcral, una parte de sus tesoros, además, por supuesto, de comida y bebida. Hoy, todo aquel dispendio nos pa­rece monstruoso. Pero entonces la gente creía que los faraones in­tervendrían desde el más allá en favor del bienestar de Egipto, lo cual les compensaba de unos gastos tan grandes.

            Las culturas de los sumerios y los egipcios son para nosotros las primeras culturas superiores de la historia. La egipcia perduró más tiempo que cualquier otra.  No concluyó hasta el 332 a.C., des­pués de más de 3.000 años, con la conquista del ejército griego mandado por Alejandro Magno.


MAI, Manfred, Breve historia del mundo para jóvenes lectores, 
Océano, Península, Atalaya, Barcelona, 2004 /2002

Biblioteca del Instituto Goethe


Es recomendable también de "Exploradores de la Historia" el capítulo dedicado a Egipto.  



MESOPOTAMIA

Seguimos con Manfred Mai, en este capítulo escribe sobre la civilización sumeria, probablemente la primer civilización.  En clase ya hablamos sobre ellos y vimos imágenes relacionadas a su civilización.


UN PUEBLO INTELIGENTE

Mientras en Centroeuropa los seres humanos iban de un lado a otro como cazadores y recolectores, los sumerios crearon la pri­mera gran cultura de la humanidad en Mesopotamia, el país en­tre el Éufrates y el Tigris. Habían inventado ya la rueda y el pri­mer arado, tirado por burros o por bueyes. Construyeron ciudades donde vivían hasta 50.000 personas, diques para protegerlas de las inundaciones y canales para regar sus campos. En unas co­munidades de tamaño tan considerable, aquellos trabajos, al igual que la producción y distribución de bienes, requerían pla­nificación y organización. Por tanto, los sumerios buscaron cómo retener las cosas importantes en algún lugar que no fuera la sim­ple memoria. Al principio utilizaron pequeñas imágenes que re­presentaban, por ejemplo, a un hombre, a una mujer, una vaca, una cesta de frutas o un saco de grano. De aquellas figuras derivó con el tiempo un sistema de signos que les permitió dejar constancia de sucesos e informes. Imprimían los signos presio­nando con bastoncillos en forma de cuña sobre tabletas de arci­lla blanda que luego cocían para fijar lo escrito. A partir de ese momento, la comunicación oral dejó de ser el único medio de transmitir el saber a los contemporáneos y a la posteridad.

Con el invento de la rueda y de la llamada «escritura cuneifor­me», los sumerios dieron dos grandes pasos en la historia de la humanidad. Pero también fueron pioneros en otros campos. In­ventaron, por ejemplo, un sistema métrico con unidades de 12 ó 60 componentes. Nuestra división del tiempo en 60 segundos por minuto y 60 minutos por hora se remonta a aquel sistema. Y to­davía hoy, una docena consta de doce elementos.

Las ciudades de los sumerios estaban constituidas y organiza­das como pequeños Estados. Al frente de ellas se hallaba el sobera­no de la ciudad, que derivaba su derecho a gobernar de su proxi­midad con los seres divinos. De los sumerios sabemos también que tenían una religión, y que era una religión con muchos dioses.

El soberano de la ciudad dictaba leyes que regulaban la convi­vencia entre la gente y fijaba la cuantía de los tributos que todos debían aportar. Aquellos tributos servían para mantener al clero y la administración, organizar una defensa militar, garantizar el su­ministro de agua y llenar los almacenes con provisiones para épo­cas de escasez. Hoy diríamos que los sumerios pagaban impues­tos. Hay aún algo más que nos parece muy moderno en los sumerios: sus ciudades peleaban a menudo; la causa de aquellos conflictos era la propiedad, sobre todo la posesión de tierras, y el poder. Muchas de esas peleas derivaban en guerras, y más de una guerra se entabló en nombre de los dioses respectivos.


La época de esplendor de los sumerios duró unos 1.500 años. Hacia el 2.000 antes de Cristo, su cultura se había difundido por zonas extensas de Oriente Próximo. No es posible decir con certe­za por qué desaparecieron de la historia poco después. De todos modos, sus inventos y su cultura les sobrevivieron.

MAI, Manfred, Breve historia del mundo para jóvenes lectores, 
Océano, Península, Atalaya, Barcelona, 2004 /2002
Biblioteca del Instituto Goethe


Para ubicarnos podemos utilizar este mapa:


También es interesante ver en "Exploradores de la Historia" el capítulo dedicado a Mesopotamia.